¿Dónde andan tus pasos
esta tarde de sol apagado?
¿En qué montaña detienes
tu mirada vagabunda?
¿Con qué ritmo te escoltan
las percusiones del pecho?
¿Sabrá el azar pintarnos
trayectos que intersecten?
¿Será el tiempo un aliado
de estas complicidades?
¿O un bálsamo muy suave
que anestesie el asombro?
Sé que de haber respuestas
reinaría el sinsentido.
Y sin embargo, pregunto.
Proyecto líneas, bocetos
sin tinta azul indeleble.
Busco algo de certeza
que le de pausa al oleaje.
Creo escenarios y estampas
para encontrar motivos.
Indago profecías
como quien mira un mapa,
tratando de asir con mi alma
esa hebra improbable
que se llama destino.
Y pregunto, pregunto, pregunto.
No espero respuestas.
Sí certidumbres fugaces
que armen el presente.
Yo busco un sueño etéreo
sin lazo que lo trence,
sin ancla que lo extinga.
Lo quiero infinito, intenso,
de fuego ardiente,
de sustancia que altere el sentido
y dé paso al delirio.
Que se expanda tan grande,
tan alto, tan lleno de estrella,
que me impida después
regresar la pisada a la tierra.
Que me deje volar por siempre
en la gota de vida
que habita en el brillo obsdidiano
de mis ojos negros.
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