Es verdad,
mi alma era un espejo
hecha un montón de añicos
temblaba como la agitada
superficie de un estanque.
Mi historia iba torcida
lo único certero para mi
era que no iba a detener el vuelo
y entonces tú llegaste
con tu mirada limpia de pasado
con tu ilusión de construir
castillos en el aire de dos plazas.
Es verdad
los construimos juntos
imaginamos cada átomo
de oníricos tabiques cristalinos
armamos cada muro, cada torre
cada vitral multicolor
y cada espacio de futuro,
y era perfecto.
Pero era sólo eso
sólo un castillo suspendido
en el viento presuroso
del anhelo hecho esperanza,
sólo un frágil cristal imaginario
un palacio de nubes
una finca de agua evaporada
el espasmo de cegadora luz
de ese relámpago inasible
que le juega malas bromas
a la certera realidad.
Y hoy
que sigo andando sin voltear atrás
poniendo cada paso con cuidado
entre el escombro de lo que nunca fue
quisiera volar raso y no quebrar
los sueños, los anhelos, la ilusión
pues este tiempo, que en diluvio se tornó,
escampó mis temores,
y me dio nuevos bríos, nuevos retos
y una gama tremenda de ilusión
de abrirle las ventanas a la luz
y dejar que se instale en este pecho
de infinitos soles un millardo
de rayos de posibles existencias
para transitar en mi...
tengo los ojos y todas sus miradas
la boca y todas sus palabras
derramando gratitud
el cabello montado en una ráfaga de viento
la pisada caminante hacia el presente
y cada huella completa
sin fracturas que la quiebren
más completa que aquella quebradiza
que en aquel entonces, me llevó hacia ti.