martes, 14 de octubre de 2008

El pasado

El pasado es doloroso,

es obscuro, inamovible;

como sombra de Hiroshima

quieta, inmóvil y perenne.

 

Así es el pasado infame,

indolente, cruel, paciente.

Nos mira eterno y macabro,

con ironía, con sarcasmo.

Seguro de sí, sin miedo,

porque se sabe intocable.

 

Vivir en el pasado

lacera la esperanza,

quiebra la voluntad

recordándote la inercia.

Es ignominia autoimpuesta,

es culpa que se impregna,

es sed de equilibrio inutil,

cáncer del alma autoinmune.

 

Además es espejismo,

perorata sin interlocutor.

Locura,

suicidio,

profecía que se cumple,

avalancha que no escampa,

pesadilla que se expande.

Monstruo indómito, insurrecto,

que sólo una espada mata:

La mía…

cuando decido soltar

el amorodio que me ata

al dragón de mil cabezas;

que le da forma a mi vida,

que me engaña

insinuándome control.

 

La mía:

que no es de acero invencible,

que no brilla como espejo,

que no asusta, ni estremece.

Sólo detiene,

hace pausa,

me permite respirar,

abre ventanas al viento,

al sol y a todas sus posibilidades,

al cambio,

a ser yo

sin lastres de plomo marchito,

sin cárceles abiertas

que no puedo dejar.

 

Ser yo.

Aquí.

Ser yo.

Ahora.

Ser.

 

domingo, 12 de octubre de 2008

Un cherry kiss

Yo quiero un cherry kiss

y un vainilla latte.

 

Quiero ser feliz

con dulce de cereza

y jarabe de vainilla.

 

Quiero amar sin pies

y sin cabeza.

Sentirme viva porque sí

y ¿por qué no?

también sentir

que muero de éxtasis

en ti.

 

Yo quiero un cherry kiss

¿por qué no, dime?

¿por qué no he de tenerlo todo?

Sí quiero amor

y al sol poniente

entibiándome la tarde

y la entereza.

 

Yo quiero un cherry kiss

¡maldita sea!

¿No puedo ser paloma al viento,

raiz profunda,

niña que ríe,

cimiento fuerte,

mujer que goza?

 

Yo quiero un cherry kiss,

Y un vainilla late.

sábado, 11 de octubre de 2008

Invocarte

Necesito invocar a la montaña,

a la fuerza interior

y a la de los temblores.

Necesito invocar al mar,

a la fuerza de sus huracanes,

llenarme por dentro y desde ahí

de la energía que mueve a los planetas

 

Necesito invocarte, fuerza,

para no olvidarte,

para que no se debiliten mis anhelos

ni mi convicción,

ni mi reloj de arena que cuenta el tiempo

hacia ti, morada mía.

 

Necesito invocar un sueño posible

que desentierre el miedo

escondido en mi desde hace vidas;

que llene el vacío,

que le de sentido a la renuncia,

a tomar el camino escarpado,

y a seguir cuesta arriba

por cuenta propia.

 

Necesito invocarte, mujer.

Invocar a la que he sido,

a la que soy,

y a la que nunca he sido.

Recordarnos a todas:

a aquellas que me precedieron,

y al linaje del que seré parte y origen,

a aquella niña asustada que sobrevivió,

a aquella más aguerrida que rompió cadenas,

a la que cuenta con la fuerza de los años vividos,

y con la de su claridad construida poco a poco,

a la que cuenta con la fuerza de su cuerpo

y sobretodo, de su espíritu

que se niega a la resignación.

 

Neceisto invocarte

para recuperarte,

para encontrar de nuevo tu mirada

cuando miro al espejo,

para encontrar de nuevo tu sonrisa repetida

con cada vuelta elíptica del planeta,

para encontrar de nuevo la sinergia

entre mi vida y la que quiero ser.

jueves, 9 de octubre de 2008

Locura la vida, locura la muerte

Un poeta verdadero
lo es toda su vida
un loco verdadero
lo es antes y después.

Prometes locura
escribes poesía
prometo poesía
escribo locura.

¿Dónde está la línea
que divide
la poesía de la locura
la locura de la pasión
la pasión del éxtasis
el éxtasis de la muerte
la muerte de la vida?

¿Dónde queda la locura
en este mundo de cuerdos?

¿Y la poesía?
¿Dónde en este mundo de prosa?

Si quiero volar
es porque estoy viva,
pero entonces, estoy loca.
Si camino con los pies de plomo
me mantengo a salvo,
pero entonces, estoy muerta.

Por eso de pronto me quedo en la orilla,
y siento inminente la muerte a la espalda,
me inclino hacia el viento al sentir de su tacto
y aparece entonces frente a mí
con su disfraz de miedo.

Retrocedo,
siento una caricia fría
dubitativa, furtiva.
Siento que me salvo
y me dura el alivio apenas instantes.
Vuelven las premoniciones,
augurios de paces que oprimen,
terror que enmascara su rostro
de meseta triste, árida, plana.
Barbecho aplanado, quemado,
sin accidentes ni precipicios que aturden.
Y vuelve el miedo.

Tiene mil caras el miedo
proviene de mil direcciones,
anuncia tormentas,
interminables vaivenes
de vidas andadas
de muerte anunciada.
Prolegómeno de la locura,
o de la pasión
o de la muerte
o de la vida
o del éxtasis...
o viceversa.



Disolución

Es como mirar una ballena
de esas que encallan sin querer en una playa blanca
y desear, sabiéndolo imposible, regresarla a la mar.
Y mirar sus ojos tan profundamente tristes,
y enjugarle una lágrima amarga,
y estar ahí, tocando impotente su piel,
sintiéndola irse en profundos resoplidos
sin poder, sin tener cómo, devolverla a su mar.
Es como tener ahí, justo a tus pies,
su posibilidad de ser de nuevo vida,
y, no obstante,
mirar su muerte en las manos,
sentir su ahogo en tus ojos,
sin decidirte del todo
a mojar su piel ya seca al tacto
o dejar que el latido muera 
muera, muera... 
hasta morir entero. 

miércoles, 8 de octubre de 2008

Azul y tenue

Azul y tenue
como vuelo de libélula
es lo que siento esta noche en que sí estoy.

Azul y tenue
muy sutil, casi sin peso
es, sin pretexto, mi presencia en ti.

Azul y tenue
tan ligera, transparente
así es la inercia que me mantiene en pie.

Azul y tenue
como cielo ya sin nubes
es el paisaje que se mira desde aquí.

Azul y tenue
sin frío ni dolor al tacto
es el pasado tan lejano en que viví.

Azul y tenue
como hielo que diluye
es lo que siento cuando camino ya en mi.

Azul y tenue
algo ambiguo, algo sereno
es este estar tan a punto de partir.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Y cuando llueva

Y cuando llueva, levantaré los brazos

para que el agua limpia toque más pronto mi piel.

La sentiré cayendo sobre mis dedos largos,

y como una caricia que resbala en mi espalda.

Levantaré la cara para mirar de frente

las nubes de tormenta que cubren como lápida

el cielo azul, la vida.

Dejaré que mis ojos lloren dulce y salado,

gotas de sal del alma, lluvia dulce que sane.

Me limipará en silencio del dolor, del pasado,

de miedos ancestrales, de sombras, de vacíos.

Beberé la llovizna que humedezca mis labios

y sentiré gozoza la tela de mi blusa

abrazando la piel.

Entonces,

cuando sólo sea agua lo que empapa mi cuerpo,

cuando no quede sal ni dolor enquistado,

cuando haya hecho las paces con el cielo y el viento,

cuando me sienta viva de nubes de verano,

bajaré la mirada, buscaré tu silueta,

y si sigues ahí, te dejaré abrazarme

mientras seco con besos y con sol

las gotas de lluvia jugando en tu sonrisa.