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martes, 20 de enero de 2009

Consuelo

Cómo te explico
pequeña mía
que ese dolor
que perfora tu alma
no se va nunca.
Cómo enjugo el dolor
que emana de tus ojos
translúcido y opaco.
Cómo consuelo tu corazón
tan inocente
cuando el vacío esta ahí
palpable y crudo.
Cómo, mi niña.
Cómo te abrazo y te digo
"Tranquila"
si yo misma siento el yugo
de la ausencia.
Cómo te acojo en mis brazos
mi vida
si mis brazos como tú
anhelan vencer sin piedad
a la muerte.

jueves, 9 de octubre de 2008

Locura la vida, locura la muerte

Un poeta verdadero
lo es toda su vida
un loco verdadero
lo es antes y después.

Prometes locura
escribes poesía
prometo poesía
escribo locura.

¿Dónde está la línea
que divide
la poesía de la locura
la locura de la pasión
la pasión del éxtasis
el éxtasis de la muerte
la muerte de la vida?

¿Dónde queda la locura
en este mundo de cuerdos?

¿Y la poesía?
¿Dónde en este mundo de prosa?

Si quiero volar
es porque estoy viva,
pero entonces, estoy loca.
Si camino con los pies de plomo
me mantengo a salvo,
pero entonces, estoy muerta.

Por eso de pronto me quedo en la orilla,
y siento inminente la muerte a la espalda,
me inclino hacia el viento al sentir de su tacto
y aparece entonces frente a mí
con su disfraz de miedo.

Retrocedo,
siento una caricia fría
dubitativa, furtiva.
Siento que me salvo
y me dura el alivio apenas instantes.
Vuelven las premoniciones,
augurios de paces que oprimen,
terror que enmascara su rostro
de meseta triste, árida, plana.
Barbecho aplanado, quemado,
sin accidentes ni precipicios que aturden.
Y vuelve el miedo.

Tiene mil caras el miedo
proviene de mil direcciones,
anuncia tormentas,
interminables vaivenes
de vidas andadas
de muerte anunciada.
Prolegómeno de la locura,
o de la pasión
o de la muerte
o de la vida
o del éxtasis...
o viceversa.



Disolución

Es como mirar una ballena
de esas que encallan sin querer en una playa blanca
y desear, sabiéndolo imposible, regresarla a la mar.
Y mirar sus ojos tan profundamente tristes,
y enjugarle una lágrima amarga,
y estar ahí, tocando impotente su piel,
sintiéndola irse en profundos resoplidos
sin poder, sin tener cómo, devolverla a su mar.
Es como tener ahí, justo a tus pies,
su posibilidad de ser de nuevo vida,
y, no obstante,
mirar su muerte en las manos,
sentir su ahogo en tus ojos,
sin decidirte del todo
a mojar su piel ya seca al tacto
o dejar que el latido muera 
muera, muera... 
hasta morir entero.