No, no son tus dedos desenmarañando mi cabello,
es sólo el viento que sopla suavemente.
Esta mañana te fuiste, antes de haber llegado,
y un castillo que no habíamos construido
se quebró dentro de mi.
El ciclón que se acercaba tímido desde hace días
tomó fuerza y revolvió las aguas con la espuma,
nubló el cielo de un renglón a otro
y empapó con agua helada mis contradicciones.
Pero la leyenda dice que tras la tormenta viene la calma.
Y este mar azul habitado por un dueto de sueños
espera que así sea.
No, no son lágrimas saladas de esas que impiden ver el sol,
es sólo llovizna muy fina que limpia el horizonte
para que amanezca luego de este baño de realidad tan matutino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario