martes, 24 de marzo de 2009

Había una vez una Sabina

Había una vez una Sabina
que de un brinco alegre
invadió mi casa, mi cama, mi vida.

Se asomó impaciente,
ojos bien abiertos
y grito potente.

Se prendió a mi pecho
y de un sorbo hambriento
bebió mi presente,
transformó el futuro
y se instaló de prisa
en todos los cuartos
de mis pensamientos.

Tres años más tarde,
un metro más alta,
ojos luminosos
y elocuente habla,
baila todo el día,
rie a carcajadas.

Pero por la noche,
seria y consternada,
se acerca a mi cuello,
me abraza muy fuerte
y en secreto dice
"No te vayas mami,
o voy a estar triste".

Y se duerme pronto
con una sonrisa
pícara y torcida,
y vuelve a invadirme,
de la noche al alba,
mi niña Sabina,
con sus ojos luces,
salta, ríe, llora,
llenando de abrazos
y oníricos besos
mi vida del sueño.

Hasta que a lo lejos,
temprano y con frío,
me despierta un grito,
lleno de energía
y alegre inconciencia...
"¡Mamáaaaa!"

Y empieza de nuevo,
el cuento de siempre,
había una vez una Sabina

No hay comentarios: