Era ésta una luna tímida
que ignoraba su belleza
y se asomaba curiosa
por entre la gasa blanca
de su camisón de nubes.
Quería mirarse en el espejo azul
del mar nocturno,
pero su velo se lo impedía.
Era ésta una luna hermosa
con un brillo de plata
que le pertenecía.
Pero ella lo ignoraba.
Esta luna de argento
creía que su destello
venía del sol, ¡su sol!
¡Qué ignorante luna!
De haber sabido esta noche
esta verdad absoluta
su rostro de perla perfecto
habría alumbrado su espejo
y deslumbrado a su sol.
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