Me prometiste un beso por la noche,
cerré los ojos con tu nombre en el oído,
me abandoné por completo al mar del sueño,
floté sin oponerme a sus corrientes,
sentí el latido de su caminar sin pausa,
miré gaviotas, mantarrayas, caracolas.
Alcé los brazos y elevé el vuelo sin miedo,
volé en la brisa, en el viento que va al norte,
y en las alas de otras aves que migraban.
Volví después los pies desnudos a la arena,
corrí con fuerza sin saber a dónde iba,
sentí el alegre aliento del mar en mi cabello.
Cerré los ojos otra vez y estaba sola.
En la penumbra de mi cama tibia entonces,
un tenue aroma de arándano y te verde
rozó mis labios y me abrió los ojos.
Por mi ventana un cielo azul,
en mi sonrisa tu beso como un sol.
jueves, 13 de noviembre de 2008
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