lunes, 10 de noviembre de 2008

A mar

No puedo atrapar una ola de mar

ni lo intento.

Ni la más bonita,

ni la más traviesa,

ni la azul zafiro,

ni la gris de tarde,

ni la de horizonte

ni la de la orilla,

para dártela…

 

Vienen una y otra hasta tocarme.

Una más caricia

una más tormenta

una en paz

otra en trueno.

 

Al final todas se acercan

sigilosas,

delicadas

me lavan los pies,

me besan los dedos,

me acarician,

y se van.

 

Vaivén de inifnitos,

ola que me arrulla,

ola que amenaza,

ola aventurera

ola que es espuma.

Y no importa el tono,

ni el temperamento,

al final se acercan,

y luego se van.

 

¿No se cansa el mar?

Corre eternamente,

distraído oleaje o

carrera mordaz.

Es nueva agua antigua

que toca un instante tierra

y se va.

 

De nada se apropia el mar.

Todo arrastra a su abismo,

todo suelta al instante.

Sus besos de espuma escapan,

y sus mareas de aleteos

sólo atrapan, juegan, sueltan,

y se van.

 

Es infinito hecho esfera,

es infinito en vaivén,

es infinito hecho agua y turquesa,

tempestad atrapada

pasión que no para,

eres tú

es mi oleaje

es vida inmensa, inmortal.

 

Es rugido silente,

pasión que halla paz,

coro de vida que brama,

sinfonía de silencios acuosos,

fuga, alegreto, adagio,

y, sobre todo,

susurrante preludio

y estruendoso final.

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