No puedo atrapar una ola de mar
ni lo intento.
Ni la más bonita,
ni la más traviesa,
ni la azul zafiro,
ni la gris de tarde,
ni la de horizonte
ni la de la orilla,
para dártela…
Vienen una y otra hasta tocarme.
Una más caricia
una más tormenta
una en paz
otra en trueno.
Al final todas se acercan
sigilosas,
delicadas
me lavan los pies,
me besan los dedos,
me acarician,
y se van.
Vaivén de inifnitos,
ola que me arrulla,
ola que amenaza,
ola aventurera
ola que es espuma.
Y no importa el tono,
ni el temperamento,
al final se acercan,
y luego se van.
¿No se cansa el mar?
Corre eternamente,
distraído oleaje o
carrera mordaz.
Es nueva agua antigua
que toca un instante tierra
y se va.
De nada se apropia el mar.
Todo arrastra a su abismo,
todo suelta al instante.
Sus besos de espuma escapan,
y sus mareas de aleteos
sólo atrapan, juegan, sueltan,
y se van.
Es infinito hecho esfera,
es infinito en vaivén,
es infinito hecho agua y turquesa,
tempestad atrapada
pasión que no para,
eres tú
es mi oleaje
es vida inmensa, inmortal.
Es rugido silente,
pasión que halla paz,
coro de vida que brama,
sinfonía de silencios acuosos,
fuga, alegreto, adagio,
y, sobre todo,
susurrante preludio
y estruendoso final.
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