martes, 8 de junio de 2010

De tan callada

¿Cómo serás enamorado?
¿Tendrás el aire libre del caudaloso río?
¿Serán tus ojos tibios como estanque en verano?
¿Llenarás a tu voz de palabras que nombran?

Y no me lo pregunto porque no lo imagine
sino porque hasta ahora
no te he visto ni libre, ni cálido
ni nombrando las causas de tu risa.

Sí, volvemos al nombre que todo lo inventa
la palabra que tiene la fuerza de dioses y devas,
la noción de los labios pronunciando
aquello que de otra forma no existe,
el valiente espacio de este desnudo etéreo,
y no sólo el del cuerpo, sino el de esa dimensión
que es más sutil y profunda, vulnerable:
la del habla creadora.

Tengo ganas de llorar
de tan callada.

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