y allá donde los árboles se vuelven color malva
quiero que mires a mi lado los volcanes
y que observes la zafra convertirse en noche
quiero que miremos juntos
el asomboroso paisaje de quererte
y que de pronto te encuentres
deseando caminarme paso a paso
descubriendo senderos
que amanecen nuevos cada tarde
escalándome risa y manantiales
hasta llegar allí donde no existo.
Ya sé que tú no eres lo que observo
ya sé que yo te invento en cada aliento
ya sé que eres un sueño que navego
y que en cualquier instante serás nada
pero igual quiero querete
y ensayar contigo, aunque no estés,
la belleza sutil de ser lo mismo.
2 comentarios:
¡Qué hermoso paisaje Lilyán! Un poema inigualable, leído, pero sobre todo escuchado. Siempre hay espacios en la poesía amorosa, porque el amor siempre es irrepetible en la medida de que es nuestra creación, el lado extremo de nuestra fantasía. Estás en el poema y el invitado también, no puede escapar de la magia del poema.
Gracias por tus palabras, Andrés. Como siempre sensibles y generosas. Yo también creo que la poesía amorosa es inagotable, porque el amor lo es. Qué increíble es la capacidad del ser humano para este sentimiento que, en el lado poético de la vida, se llama amor... incluso cuando en la vida real pueda sólo ser una fantasía.
De todas formas, ¡hace bien! ¿Verdad?
Un saludo afectuoso desde este lado del mundo!
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