Fue como un sueño
En la clave de sol
Del medioevo,
Como volar entre mil entramados
De tela de araña celeste,
Como un vaivén de marítimos
Vientos que alisan el pelo,
Como vivir atrapada
En el libre destino
De mi piel bronceada.
Era un jardín de soldados armados
Confundiendo al fuego,
Como si fueran un par de arboledas
Después de las cien erupciones,
Un bosque eterno de arena adosada
En caprichosas formas,
Un colibrí que se hubiera hecho piedra
Con su ulular de ventanas abiertas
Como ojos repletos de dicha y asombro.
Y una caminando a tientas
En la penumbra siniestra
Del propio laberinto usado,
Dejando que el aire de eterno perfume
De belleza izada le acaricie el rosto,
Sonriendo si acaso con tímido gesto
Que evoca el déja vu de siempre.
Un poco amargo, quizas, un poco dulce,
Turbia la vista, es verdad,
Y sin embargo, coloreada sin pudor
De arrobo y atrevido anhelo…
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